sábado, 6 de febrero de 2010

La Zona, esa gran desconocida.

Me gustaría que esta fuera una entrada de debate. Donde todos aportemos ideas.
La pregunta inicial sería, ¿estais de acuerdo con la aplicación de la zona en algún momento del juego? ¿y en categorías de formación?

La primera pregunta parece estúpida, pero en Asturias hay clubes que prohiben este tipo de defensas en todos sus equipos, aún exigiéndoles a éstos unos objetivos competitivos importantes.

Mi opinión es clara al respecto, la zona sí y siempre, como complemento de una buena base de defensa individual.

A nivel competitivo es una trampa muy importante y ayuda a tapar agujeros que tu defensa pueda tener, como gente muy grande y lenta contra un equipo rival de que juega con 5 abiertos que son grandes penetradores, por ejemplo.

A nivel de formación es una de las mejores formas de enseñar la diferencia entre lado débil y lado fuerte, así como la comunicación y el trabajo colectivo ya que uno de los principales errores de la enseñanza de la defensa individual es generar cierto egoismo defensivo en los niños que creen que su único objetivo es defender al suyo.

Obviamente soy contrario a las zonas "Girasol" (moverse conforme al balón y mirándolo como si fuera el sol) y cuando planteo este tipo de defensa exijo la misma intensidad que en individual, de hecho no he planteado nunca una zona que no tuviera una base en conceptos individuales, como pueden ser:

El balón siempre se defiende de forma individual, tanto en intensidad como en trabajo de manos, jugadores en poste bajo o poste alto tienen las mismas normas defensivas que en individual....

A partir de ahí, 2-3, 3-2, combinaciones... Todo eso depende de mis jugadores y mi filosofía.

Por ejemplo este año tengo defensa base individual que, cuando no funciona, tiene como complemento 3 defensas zonales más que mantienen e incluso aumentan el nivel de intensidad defensiva del equipo.

¿Cúal es vuestra opinión?

Lección 2: ¿De qué sirve la táctica colectiva si no hay base individual?

Dentro de mi experiencia este año en el equipo junior he sufrido un importante cambio al pasar de categorías senior a categorías, digamos, de formación.

La patada al baloncesto más grande que este cambio ha hecho que haya dado este año ha sido proponer una serie de sistemas a un equipo que tenía poca base de juego táctico a nivel individual. Cierto es que los sistemas no eran nada complejos, pero con jugadores que no saben moverse en juego libre, con conceptos o normas básicas a nivel táctico, por muchos bloqueos o cortes que les hagas hacer nunca van a saber leer ventajas, ni generarlas, ni siquiera doblar pases porque no sabrán colocarse en el campo.

Partiendo de que la base del baloncesto es la técnica individual, arte al que trato de dedicar el 50% del tiempo de los entrenos, la táctica individual para mi debe ser la segunda de abordo, deben saber como leer una penetración, como correr por la pista en campo abierto, respetar los espacios de juego.... Un montón de cosas de vital importancia que este año ignoré a comienzos de temporada y que mi equipo pagó medido el año cuando me di cuenta que tenía que cambiar mi filosofía y comenzar a centrarme en un sistema simple y trabajar lecturas de situaciones con los chavales.

Ahora el equipo funciona mucho mejor, en ataque saben colocarse y en cierta medida saben los conceptos básicos del baloncesto en un nivel medio. Mi siguiente objetivo es darles mayor velovidad de ejecución, que sean capaces de aplicar lo aprendido a un ritmo alto.

Para este último objetivo planteo juego de 4c4 o 5c5 con posesiones de 15 segundos, ejercicios de superioridades con 10 o 7 segundos para lanzar... Al principio está siendo un poco caótico, pero espero que en lo que me queda de año cosniga ser capaz de inculcarles una mayor velocidad gestual ofensiva.

Lección número 1: Broncas sí, pero las justas.

Como ya os he dicho con anterioridad, este año estoy trabajando con un equipo Junior de primer año y está siendo un gran año para mi porque estoy aprendiendo muchas cosas de los chavales.

La primera lección que he aprendido es que las broncas habituales no sirven de nada. Los chavales se disgustan o cabrean, se desmotivan, y lo único que pretendes con esas broncas que es espabilar al grupo o conseguir centrar su atención en un objetivo acaba fracasando por el hecho de que no están orientados hacia el trabajo en su estado de ánimo.

Hasta este año no me solía cortar en las broncas, consideraba que si un chaval no estaba haciendo su trabajo había que darle voces, valiente subnormal estaba hecho...
Como siempre todo esto se basa en lo que uno va mamando a lo largo de su etapa de jugador, y la verdad que yo como jugador reaccionaba a las broncas, no me cabreaba simplemente me centraba. Y ese fue el principal error de todos, tratar de valorar a mis jugadores basándome en mi experiencia.

A lo largo de la temporada he ido viendo como fracasaba cada vez que intentaba sacar algo de ellos con broncas y voces, tanto en entrenos como en tiempos muertos en los partidos, incluso es posible que uno de los partidos perdidos fuera porque generé un cierto lazo de desmotivación en torno a los chavales por una bronca en un tiempo muerto en el que debía haber razonado y simplemente explilcado...

Ahora soy un entrenador más calmado y sobre todo dialogante, no considero que se deba abroncar más que cuando se cumplen las normas básicas de respeto dentro del equipo o haya jugadores que no sean honrados en su esfuerzo.

La enseñanza que he sacado de todo esto es que si un jugador no sabe o no le sale hacer algún gesto técnico o realizar un sistema correctamente la principal culpa no es suya, si no mia y de mis colegas anteriores que no hemos sabido transmitirselo.
Creo que es un aprendizaje muy importante para un entrenador, debería haberme dado cuenta con anterioridad pero posiblemente mi carácter terco me haya llevado a pensar que tenía la razón siempre.

Cabe destacar que además de los chavales me ha ayudado mucho a comprender esta situación la mano femenina de mi ayudante, una persona tan directa como inteligente y que con su personalidad paciente y reflexiva complementa perfectamente mi carácter y me hace caer en mis errores con cierta asiduidad.

La cabezonería no sirve de nada en un deporte donde cada año debemos aprender del resto de colegas y sobre todo de los jugadores, que no podemos olvidar son la base más importante de este deporte.